viernes, 13 de diciembre de 2013

La vida quedó convertida en ella.

Las sábanas blancas escondían su piel desnuda. Sus piernas enredadas por el éxtasis. Aquel instinto de supervivencia, dejaba entrar la luz por los huecos de la persiana. Con la reliquia de sus pisadas por el suelo y siendo testigo del eco de su risa. 
Él la apartó el pelo enredado de su cara, mientras ella, dejaba caer la vista. Colocó sus manos en la cara de la joven, pretendiendo cruzarse con aquellos ojos. Aquellos grandes y hermosos ojos. Besando sus sienes, dejando secuela. Él solía sentarse frente aquel viejo piano con los pies descalzos. Deslizando sus delgados dedos por cada tecla blanca y negra. Componiendo música para ella, para la vida. Mientras, ella le observaba con cautela, en silencio. Con los ojos cerrados y el corazón abierto, como en el amor, amaba escucharle. Él siempre terminaba susurrando que ella era joven y hermosa, y ella siempre le hacía la misma pregunta: -¿Me querrás todavía, cuando ya no sea joven y hermosa?- "Sabes que lo haré", solía entender con sus besos.  
La vida. Una anciana sonriente, cubierta de arrugas, que cuentan una historia. Como las sábanas de una cama tan mojada. Que en lugar de arrugas, juran ser olas. El mar en cama después de la tormenta. Se aferró a sus manos, hasta que la vida quedó convertida en ella. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sin amor, todos los besos saben lo mismo.

Se sumerge en tu mente, contigo.
Te quita la mirada para darte la mano. Deja que sus yemas caigan por tu espalda hasta llegar al final. La manera que tiene de rozarte, sin ni siquiera mirarte. 
De cómo sabe tu conciencia , tus manos, y tu piel. De cómo recorre a besos tus costillas mientras escucháis el silencio. 
De cómo huelen tus labios a mar, a ese interminable mar.Le gustan .Recuerda que hueles al amanecer. 
Se sabe de memoria tus latidos, incluso antes de conocerte.  Sus miedos bajan cuando te escucha respirar, con el aire que la robas. Cuando no te das cuenta, te observa con cautela,  te entiende, y te palpa con miedo de romperte.
Quizás no sepa convertirte en poema, pero te ve igual de especial. Quiere vivir en tus pestañas, quiere morir en tus manos. 
Noches  juega a enredarte entre sus piernas, una y otra vez. Te acelera el pulso, estrellando su sonrisa en tus sueños. 
Cómo osa dejarte sin aire, totalmente desnudo. Cómo se cuela por tus pupilas, haciéndote saltar al vacío. Sin soltarte. Sabe, que nunca os habéis entendido mejor, que con la mirada. 
Y tiene guardadas en un cajón las caricias de la primera noche de invierno, por si volvéis a sentir frío.   
Y es entonces, cuando comprende, que sin amor *sin ti*, todos los besos saben a lo mismo.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cerramos los ojos, y empezamos a perdernos.

Tenía que hacerlo una vez más. Llegué rendida, y dejé caer todo mi cuerpo sobre aquella cama, donde sus manos siempre esperaban enredarse con las mías. Me quedé observando el techo, y lancé un suspiro. Noté como su boca se acercó a mi oído, - ¿Estás preparada?- susurró. Le miré. Observe de nuevo sus ojos, sus pupilas ansiosas por empezar de nuevo, por volver a cerrar los ojos y sumergirnos en nuestras mentes. Nuestros sueños...Tan cerca, pero a la vez tan lejos. A nadie le gusta dormir solo, pero nadie espera soñar acompañado. 
Dejó marcado un beso en mi frente, y cerramos los ojos. Se nos durmió la piel y se nos despertaron los sueños. A veces dejábamos pisadas en el cielo, otras veces, simplemente nos perdíamos. Pero el tiempo pasaba. De las olas del mar mojando nuestra ropa, a las hojas de bronce  escondiendo nuestros pies. Cada vez que nos dábamos la mano, perdíamos la cordura.Llegamos al límite de la locura, solo porque no podíamos vivir sin soñar despiertos. Nos volvimos locos, solo porque acabamos enamorados. 
Y si no nos tocábamos, nos echábamos de menos. Era una rutina, pero una rutina que no quería perder, que no queríamos perder. Abrí los ojos, y allí estaba. Al otro lado de la cama, como siempre, sonriéndome. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

La cura de sus besos.

Y entonces unas manos apartaron mi pelo, encontrando mi rostro pálido. Encontrando aquellos ojos, que como él decía, nunca había visto nada igual. Escondían recuerdos agridulces y miedo, mucho miedo. Las lágrimas  me impedían ver más allá. Pero escuchaba su voz. Esa voz que más veces me había tranquilizado. Que más noches me hizo dormir. Esa voz que me recordaba que no estaba sola. Y acarició mis mejillas, secando mi dolor. Unos dedos que poco a poco fueron deslizándose hasta mi  boca. Rodeando mis labios con delicadeza. Mi aliento cada vez ardía más. Acerqué mi cara a su pecho, y escuché como los latidos de su corazón aceleraban. Y sonreí entre lágrimas. Levantó mi barbilla con sus dedos, alzando mi vista a sus ojos…A su boca. Se acercó a mi cuello, y después a mi oído. Sonrió al ver que no me negaba, y me besó. Muy despacio. Me mordí los labios, y volvió a sonreírme. Y entonces enredé mis dedos en su pelo, cerré los ojos y acerqué mis labios a los suyos, pidiendo más. 
No sabia exactamente cuanto tiempo había pasado, pero ahí afuera, en la ciudad, seguía lloviendo y sus besos habían absorbido todo mi tiempo.  


domingo, 22 de septiembre de 2013

Estoy viva.

Mis pies descalzos, mojados por la lluvia. Aún lo siento. Siento el olor que deja la tormenta entre las calles. El viento que se lleva las palabras dejándonos mudos. Aún escucho el silencio que se esconde entre la gente. Los dedos de un pianista acariciando cada tecla blanca y negra. Cuando la orilla cubre mis piernas delgadas. Aún siento tus ojos quitándome el vestido azul. Las manos que no tienen miedo de donde llegar. El atardecer escondiendo nuestros sueños. Y tú y yo cayendo al abismo. Rompiendo los muros de esta habitación que nos ahoga. Acercándote a mí, clavándome tu mirada y dándome la mano, corriendo, escapando de la multitud. Es entonces, cuando me quitas el oxígeno con cada roce. Cuando te observo con ojos extraños. Aunque de alguna manera sabía que había algo más que química. Pasando mis dedos por tu cara. Enredándolos en tu pelo. Tus manos resbalando por mi cuello. Porque nadie dijo que la vida fuera fácil, pero donde quiera que vaya, tú siempre te mantienes a mi lado. Y sé que, al final acabo hablando de ti. Porque si estoy viva, es por ti.  

jueves, 19 de septiembre de 2013

Nunca había visto algo tan especial.

Y un escalofrío sentí por todo mi cuerpo. Por cada poro de mi piel. Incluso el universo tembló al sentir tus pisadas. Tus pies descalzos, fríos y seguros. Volviendo al lugar donde solo los árboles de bronce nos miraban. ¿Como pudimos perdernos? Entre tus manos mis dedos dibujando amaneceres. La arena pegada en nuestras piernas y yo dormida en ti. Te tenía más cerca que nunca. El viento traspasaba el aroma de mi pelo, mientras tú soñabas. Tus pupilas dejaron la ciudad apagada, ni siquiera la luna era la protagonista. La verdad, es que nunca había visto algo tan especial. Olvidamos las agujas del reloj, olvidamos el tiempo. Como los besos que dan la sensación de que fueran a durar toda una vida. El último rincón del mundo en que vivíamos, respirabas.Mientras, mis labios suspiraban. 

jueves, 6 de junio de 2013

Me reparaste.

Yo no creía en el amor. Ni en el sentimiento prolongado. Ni en las cincuenta primeras citas, ni en las mil primeras veces. Yo no creía en lo eterno. Ni en el para siempre. Ni en el vaso a medias. Yo no creía que la unión hacía la fuerza. Lo cierto es que yo no creía en nada que no me destruyeran antes.
Pero, creo en el amor cuando me das la mano. Creo en el sentimiento cuando me lanzas palabras de amor por tu boca. Creo en las cincuenta últimas discusiones por quién quiere más a quién. Creo en que soy más fuerte hoy que ayer desde estás a mi lado. La verdad, es que creo en ti, porque me reparaste. Te bastó un día para que cayera sobre ti. Me bastó un día para enseñarte mis heridas. Cariño, nos  bastó tan solo un día para respirarnos y no ahogarnos. Para estar en silencio y no escucharnos. Para no tocarnos y sentirnos. Y digo yo, te he visto sonreír. Y te he visto llorar, ese mar que separa tu casa de la mía. Y es cierto lo que dicen. Que algún día llegará alguien a quién le importe tu sonrisa, y que pronto, muy pronto, volverás a sonreír.